Los negocios de Delcy Rodríguez y su novio empresario: Abou Nassif Smaili es un libanés 15 años más joven que la sucesora de Maduro
Fuente: El Economista

Yussef Abou Nassif es el novio libanés de Delcy Rodríguez
Yussef Abou Nassif es para muchos un desconocido: el novio de Delcy Rodríguez permanece lejos del foco público, pero su sombra se alarga sobre contratos y decisiones clave. Muchos de estos datos se publicaron en 2021; desde entonces, según estimaciones, los beneficios han seguido creciendo. Roberto Deniz, el periodista que destapó esta red, vive hoy en el exilio. Pero hay historias que no se dejan contar sin una advertencia previa: no porque falten datos, sino porque sobran sombras. Esta es una de ellas. No se trata de una novela, aunque tenga algo de trama novelesca; tampoco de una crónica judicial cerrada, porque lo que aquí se relata está en curso y, en buena medida, en disputa.
Es, más bien, el retrato de un sistema visto desde uno de sus ángulos más reveladores: el entrecruce de poder político, negocios y lealtades personales en la Venezuela de la última década. La Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) maneja un informe elaborado a partir de colaboraciones internas en Venezuela y de investigaciones periodísticas del medio independiente Armando Info. El documento pone el foco en los negocios del entorno de Delcy Rodríguez, hoy presidenta del país y heredera política directa de Nicolás Maduro. Según ese informe, los hermanos Abou Nassif —empresarios de origen libanés— consolidaron un emporio gracias a contratos estatales que crecieron al mismo ritmo que el poder de los Rodríguez y que coincidieron, no por casualidad, con el inicio de la peor crisis humanitaria que ha conocido Venezuela.
Yussef Abou Nassif Smaili, un empresario libanés de unos 40 años, señalado como novio de Delcy Rodríguez
De los tres hermanos, destaca Yussef Abou Nassif Smaili, un empresario de unos 40 años, señalado como novio de Delcy Rodríguez, quince años mayor que él. La relación, según la documentación examinada por la DEA, habría funcionado como un catalizador de oportunidades: una llave que abre puertas en ministerios, empresas públicas y despachos donde se decide quién importa, quién cobra y quién prospera en un país devastado. El propio informe aclara que algunas de las sospechas que circulan en torno a Yussef Abou Nassif —entre ellas posibles vínculos con organizaciones como Hizbolá o Hamás— no están respaldadas por pruebas concluyentes.
Son acusaciones mencionadas como tales, hipótesis sin corroboración, rumores que flotan en el ecosistema de inteligencia pero que no han cristalizado en evidencias judiciales. El matiz no es menor: en un país donde la propaganda y la desinformación son armas de uso cotidiano, la precisión es una forma de resistencia. La trayectoria económica de Yussef Abou Nassif en Venezuela comenzó lejos de los alimentos y la logística. Hasta 2010 trabajó en Interbursa, una casa de bolsa propiedad de Juan Domingo Cordero en sociedad con Raúl Gorrín. Era la época de la bonanza cambiaria, cuando las distorsiones del control de divisas permitían ganancias extraordinarias a quienes sabían moverse en los márgenes del sistema.
Globovisión, un canal de noticias que había sido crítico con el Gobierno
Poco después, los dueños de Interbursa adquirieron Globovisión, un canal de noticias que había sido ferozmente crítico con el Gobierno y que, tras el cambio de manos, se convirtió en una pieza más del engranaje oficialista. El mensaje era claro: el poder también se compra. La importación de alimentos sería, sin embargo, el negocio que disparó la fortuna del clan Abou Nassif. Entre 2017 y 2018, los hermanos captaron contratos por unos 413 millones de dólares provenientes de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), el sistema de distribución de comida subsidiada por el Estado. Los CLAP no solo alimentan —mal— a millones de venezolanos; también disciplinan. La entrega de cajas de productos de baja calidad se ha utilizado como mecanismo de control social, premiando la lealtad política y castigando la disidencia.
Para gestionar estos contratos, el grupo recurrió a sociedades registradas en Hong Kong. Según Armando Info, la estatal Corpovex firmó en octubre de 2017 un acuerdo por 132 millones de dólares con una empresa representada por Yussef Abou Nassif. Un mes después llegaron otros dos contratos, de 159 millones y 122,8 millones de dólares. En apenas un trimestre, el clan se convirtió en contratista prioritario del Estado. En los pasillos del Ministerio de Alimentación, los funcionarios se referían a ellos con una mezcla de familiaridad y distancia: "el grupo árabes". El modelo no era original. Reproducía, casi al calco, el esquema de Alex Saab, el gran proveedor del chavismo y hoy condenado en Estados Unidos. Importaciones opacas, intermediación internacional, sobreprecios y una red de protección política que garantizaba impunidad.
El resultado fue que, en el momento de mayor escasez, una porción significativa del mercado de productos básicos quedó en manos de un reducido círculo de empresarios conectados al poder. En marzo de 2019, los Abou Nassif dieron un salto estratégico hacia el sector sanitario. A través de una de sus firmas extranjeras, acordaron la venta de kits de hemodiálisis al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales por 145 millones de euros. Los hospitales públicos, entonces, estaban al borde del colapso y los pacientes renales morían por falta de insumos. El negocio, una vez más, prosperó en el terreno de la necesidad extrema. La forma de pago fue tan reveladora como el contrato mismo. El instituto estatal informó a la empresa que saldaría la deuda con materias primas: crudo y fuel oil. Así, los Abou Nassif quedaron vinculados directamente a la comercialización de petróleo, el corazón económico del país.
El trueque permitía, además, esquivar las sanciones financieras internacionales y moverse por canales alternativos fuera del sistema bancario tradicional. Ese mismo año, el grupo incursionó en el sector minorista con la apertura de la cadena OK Mart, registrada por Nabil Abou Nassif tras dejar su cargo como director de finanzas de la Alcaldía de Caracas durante la gestión de Jorge Rodríguez, hermano de Delcy. Los locales —bodegones de productos importados y precios en dólares— florecieron mientras el resto del país hacía colas para conseguir harina o gasolina. Durante la pandemia se inauguraron tres sedes en la capital, una de ellas en la planta baja del edificio Los Andes, inmueble expropiado por Hugo Chávez y luego usado como centro de aislamiento sanitario. El contraste era casi obsceno: lujo importado sobre suelo público. Las operaciones internacionales del clan no han estado exentas de problemas.
En México, la Unidad de Inteligencia Financiera bloqueó cuentas de empresas registradas en Hong Kong tras detectar sobreprecios y alimentos de baja calidad enviados a Venezuela. La investigación involucró a otras redes de contratistas del chavismo y puso de relieve un patrón: la miseria como oportunidad de negocio. Omar Abou Nassif, el hermano mayor, ha ejercido de mediador político y financiero. Tras el gran apagón de marzo de 2019, participó en reuniones con empresarios extranjeros para adquirir equipos eléctricos, utilizando canales financieros en Asia. Todo ocurría bajo la tutela del entorno de Delcy Rodríguez, donde las decisiones estratégicas se toman en círculos cerrados y con una lógica de supervivencia del régimen.
El emporio familiar se extiende desde el empaquetado hasta la logística, con cargos que rotan entre Yussef, Omar y Jamal para mantener el control del capital. A su alrededor gravita una nueva élite empresarial que incluye dueños de grandes almacenes, franquicias deportivas y plataformas de pago. En ese universo aparece otra figura clave: Jorge Giménez Ochoa, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol. Investigaciones de Armando Info revelan que la conexión entre el poder político y el fútbol pasa por vuelos oficiales, contratos de alimentos y esquemas de petróleo por deuda. El 14 de junio de 2021, apenas dos semanas después de asumir la presidencia de la FVF, Giménez viajó a Qatar en un avión de Conviasa junto a Delcy Rodríguez. En la lista de pasajeros figuraba Yussef Abou Nassif.
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