El regreso a Euskadi de Arturo Cubillas, el etarra favorito del chavismo

Fuente: Reporte de la Econimía
Arturo Cubillas Fontán


Los servicios de información ubican en Donosti a este terrorista, protegido durante años con un puesto en el gobierno de Venezuela. Un perfil con su nombre pide en redes fusilar a opositores.

Se llama Arturo Cubillas Fontán y en su día protagonizó multitud de titulares en España. La Audiencia Nacional investigó la relación entre ETA y las FARC en Venezuela y él se convirtió en el principal objetivo. Huyó al país caribeño tras las conversaciones de Argel y acabó acogido por el chavismo como funcionario del Gobierno. La negativa de Caracas a extraditarlo abrió un conflicto diplomático. Fuentes de la lucha antiterrorista confirman a El Confidencial que hoy vive en Euskadi, donde sigue implicado en la defensa de la revolución bolivariana.

Apenas existen imágenes suyas. Para ilustrar las informaciones sobre él, se usaron durante años fotos de viejas fichas policiales en blanco y negro o un fotograma movido de una cámara que le captó fugazmente en Venezuela. Las entrevistas que concedió allí siempre fueron sin dar la cara. Hubo un tiempo en el que periodistas se desplazaban desde España solo para encontrarle. Ahora ya no está en los listados de las fuerzas de seguridad sobre los etarras repartidos por el mundo. Los expertos policiales sitúan su primer regreso a Euskadi en 2019.

La fecha coincide con la de su última foto nítida conocida. La difundió Sortu, que le dedicó una calurosa bienvenida tras 34 años en lo que ellos califican el “exilio”. “No vine a Venezuela, me trajeron en un avión de la Fuerza Aérea Española junto con otras doce personas. Esto establece una distinción política y jurídica. El Estado español nos trajo aquí como parte de un acuerdo, al igual que otros miembros fueron deportados a República Dominicana, Panamá o Togo”, explicó a Berria en una entrevista en 2010.

Hace semanas se le ubicó en una concentración en apoyo a Venezuela en la que participó Glenna Cabello, cónsul del país caribeño en Bilbao y hermana de Diosdado Cabello, uno de los pesos pesados del régimen.

Una cuenta con su nombre y la foto de Hugo Chávez difunde desde hace un año graves ataques contra opositores al chavismo, hasta el punto de desear públicamente su muerte o pedir fusilamientos. La cuenta está verificada y está en España.

Entre los destinatarios de sus iras hay artistas, escritores, periodistas y políticos. La diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo celebró la caída de Nicolás Maduro con un mensaje que decía “el día V”. La cuenta a nombre de Cubillas le contestó que “el día V será cuando tú te mueras”.

A quienes más increpa esta cuenta con su nombre es a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia, a quien parte de la comunidad internacional considera el ganador legítimo de las últimas elecciones en el país caribeño. Hoy vive exiliado en España. En varios mensajes les desea la muerte. “Buen día para matar escuálidos”, les dice.

“Lo que no tiene precio es verte a ti muerto”, le contestó también al escritor venezolano Leonardo Padrón, quien había celebrado en un tuit el arresto de Maduro. Juan Pablo Guanipa es uno de los opositores al régimen de Maduro más conocidos. Sigue preso en su país, pero tiene una cuenta en X con casi medio millón de seguidores que gestiona su entorno. El 3 de enero pidió “libertad para todos los presos políticos”.

La cuenta a nombre de Arturo Cubillas le contestó con este otro mensaje: “Paredón, mejor”.

Le escribió lo mismo a otro opositor que vive exiliado en España tras pasar mil días en la cárcel en Venezuela.

Arturo Cubillas firmó el pasado 15 de enero un manifiesto junto a 25 miembros de ETA que huyeron al país caribeño para criticar la operación de los Estados Unidos contra Nicolás Maduro. “Nosotros y nosotras, residentes en Venezuela durante décadas como refugiados o deportados, fuimos testigos, durante décadas, de la realidad de aquella ‘democracia’ (1959-1998) que añoran los sectores de la extrema derecha venezolana”, advierten.

El pasado octubre firmó un artículo en Naiz, el tradicional periódico de la izquierda abertzale. Se quejaba de la falta de compromiso de esa cabecera con el Gobierno de Nicolás Maduro: “Lo que escapa de toda lógica es que desde posiciones de izquierda o progresistas se siga alimentando esa estrategia, así sea simplemente sembrando la más mínima duda sobre un gobierno absoluta y totalmente legítimo”.

El “caso Cubillas”

Aunque Cubillas era de sobra conocido para los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil, su nombre irrumpió en la opinión pública hace ahora 16 años. En marzo de 2010 apareció como el principal imputado en una causa abierta en la Audiencia Nacional para investigar las relaciones entre ETA y las FARC, con la presunta cooperación del Gobierno venezolano.

La información que figuraba en los archivos policiales decía que este etarra había regentado en el país caribeño un bar que se llamaba “Oker’s”, el mismo nombre del comando de ETA que integró en la década de los ochenta. En el Oker militó la histórica Idoia López Riaño, conocida como “la Tigresa” por su físico, aunque su alias oficial en ETA siempre fue “Margarita”.

Entre otras acciones, a ese comando se le atribuyó el asesinato de Ángel Facal Soto, perpetrado el 26 de febrero de 1985 en Pasajes. La Audiencia Nacional archivó 25 años después las diligencias abiertas contra Cubillas por este atentado. Consideró que, pese a existir “indicios racionales de criminalidad”, los hechos que se le imputaban habían prescrito.

Cumplió 61 años el pasado diciembre. Han pasado más de cuatro décadas desde que decidió entrar en la banda terrorista. Eran los años ochenta, los más sangrientos de la organización criminal, que dejó más de 800 muertos. Las fuerzas de seguridad le perdieron el rastro a finales de 1985. La Policía cree que escapó tras atracar una sucursal de la Caja Postal en la localidad guipuzcoana de Rentería.

Apareció en Francia, donde se instalaban todos los terroristas que querían eludir la presión policial. Cubillas fue expulsado dos años después a Argelia junto a otro histórico etarra como Santiago Arrospide Sarasola, “Santi Potros”. En 1989 cruzó el Atlántico en dirección a Venezuela y allí hizo su vida. Él habla de Venezuela como su país; no en vano, logró la ciudadanía y eso le resultaría clave para eludir la acción de la justicia española tiempo después.

Fueron decenas los etarras que se establecieron desde finales de los noventa en el país caribeño tras las conversaciones de Argel. ETA y el Gobierno socialista de Felipe González habían mantenido unas negociaciones de desarme que acabaron fracasando. González llegó a un acuerdo con el entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, para acogerlos, y Cubillas fue uno de ellos. La vida de Cubillas volvió a cambiar cuando Hugo Chávez llegó al poder en abril de 2002.

Para calibrar el nivel de complicidad que desarrolló el chavismo con los etarras, basta leer la anécdota que plasmó en su libro quien fuera responsable del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Jorge Dezcallar. El jefe de los espías españoles bajo el Gobierno de José María Aznar relató un chivatazo a seis etarras en Venezuela para evitar su detención.

Dezcallar se reunió en 2002 con Chávez para presentarle una lista de terroristas que los servicios secretos españoles habían localizado y querían detener al día siguiente. Cuando se presentaron en sus casas, todos habían desaparecido. Dezcallar cree que alguien avisó a los terroristas desde el mismo Palacio de Miraflores para que eludieran su arresto.

Cubillas denunció en febrero de 2003 ante el Defensor del Pueblo venezolano que le estaban siguiendo y acusó a la Policía española. Le habían detenido unos meses antes, pero le pusieron en libertad pasadas unas horas porque en aquel momento no figuraba en la lista de etarras reclamados por la Audiencia Nacional.

La causa sobre los vínculos con las FARC le puso de nuevo en el foco años después y provocó un conflicto diplomático entre España y Venezuela. El Gobierno accedió a la petición de la Audiencia Nacional, que le acusó en concreto por la comisión de delitos de tenencia de explosivos, colaboración con banda armada (por las FARC) y conspiración para cometer homicidios terroristas.

Según el artículo 8 del tratado de extradición vigente entre los dos países y que data de 1989, Venezuela no está obligada a extraditar a las personas reclamadas por España que hayan obtenido durante su estancia allí la nacionalidad venezolana, como era el caso de Cubillas. El entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, hoy muy próximo al régimen, llegó a calificar entonces la colaboración de Venezuela como “siempre mejorable”.

Desde 2007, el etarra desempeñó un cargo como jefe de Seguridad del Instituto Nacional de Tierras (INTI). Se lo confirmó a la Audiencia Nacional el exembajador de Venezuela en Naciones Unidas y exministro de Información de este país, Diego Arria Salicetti.

En la causa sobre las conexiones con las FARC también declararon dos etarras detenidos en España llamados Javier Atristain y Juan Carlos Besance Zugasti. Le confesaron al juez que en 2008 viajaron a Venezuela y allí les recibió Cubillas para adiestrarles en el manejo de explosivos. A la causa se sumó un testimonio más, el de un exmiembro arrepentido de las FARC. Relató que entre 2006 y 2007 Cubillas visitó los campamentos de la guerrilla y que los accesos a los mismos estaban controlados por militares venezolanos.

Cubillas llegó a declarar ante la Fiscalía venezolana. Lo hizo en calidad de testigo y a petición propia para negar su relación con los hechos. También concedió al menos dos entrevistas a Telesur, un medio controlado por el chavismo. “No tengo nada que ocultar, ni tengo que defenderme de mentiras que dan por verdad de manera irresponsable”, indicó.

También vaticinó que la causa quedaría en nada y que los dos etarras que le incriminaron declararon bajo torturas. “Nunca he estado en un campamento de las FARC y nunca he entrenado a nadie, eso sí te lo puedo decir”, aseveró. La causa, tal y como vaticinó, quedó en nada. El juez que trató de investigar las conexiones de ETA con las FARC, Eloy Velasco, se consoló diciendo que “todo régimen político acaba alguna vez”. Se refería a la posibilidad de volver a intentarlo en una Venezuela sin chavismo.

Hoy Cubillas hace vida normal en su Donosti natal. Cuando ETA decretó el cese definitivo de la violencia en 2011, muchos de los etarras que llevaban décadas fugados en el extranjero revisaron sus causas pendientes con la ayuda de los abogados de la banda. La mayoría, que tenían sus casos prescritos, decidieron volver a Euskadi. Hoy ya apenas quedan etarras fuera. Arturo Cubillas demoró años el regreso, pero también acabó regresando sin responder por sus crímenes ante la justicia.

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